lunes, 18 de junio de 2012

Presentación del nuevo macetohuerto de Agro-Jardinería Ecológica

Hace algo más de un año, en mayo de 2011, se me ocurrió hacer una prueba de resistencia de plantas hortícolas en mi blanca e inhóspita azotea que, por aquel entonces, para lo único que valía era para tender la ropa. Bajo una malla de sombreo del 90% coloqué unas cuantas macetas con una mezcla de sustrato para cultivo ecológico, perlita y humus de lombriz. Para no complicarme la vida, le instalé un sistema de riego por goteo con un pequeño programador. Las plantas sobrevivieron al tórrido verano sevillano, aunque el exceso de sombra no les vino demasiado bien, ya que se produjo cierto ahilamiento de las plantas, una reducción de la floración y, por ende, una escasa producción.


Quien me iba a decir a mi, que un año más tarde, me habría liado la manta a la cabeza y tendría instalado lo que os presento a continuación.

El pasado abril, tras un ya prospero invierno de cultivo a pleno sol (lechugas, guisantes, cebollas, coles, puerros, escarolas, acelgas, rábanos, nabos, espinacas, etc.) procedí a pintar el suelo de mi azotea con una pintura al clorocaucho que, aunque buena protectora de la humedad, no es nada ecológica. Trato de ser realista y, aunque hubiese preferido algo menos sintético, la carga de humedad a la que voy a someter a partir de ahora a una solería con más de 20 años, requiere de una adecuada impermeabilización. He elegido un color terracota que es más sufrido y atractivo que el blanco y, que por cierto, no ha quedado nada mal. Además, he pintado una cenefa añil a juego, para darle un toque mediterráneo ya que, al tiempo que funcional, me apetece disfrutar un espacio agradable en el que gastar mi tiempo.

Como la malla de sombreo que utilicé en un inicio impedía el paso de suficiente luz, he colocado una al 40%, o sea, que deja pasar el 60% de la luz solar. Creo que será suficiente para evitar que los cultivos se quemen, al tiempo que reciben suficiente iluminación como para florecer y producir. La he instalado sobre una estructura de hierro galvanizado. En un principio pensé en ponerla de madera, pero bastante tengo con el mantenimiento que requiere la gran pérgola que tengo en el patio inferior de la casa, que soporta un espectacular emparrado, el cual he extendido a la cara norte de la estructura. Cuando este nuevo emparrado esté formado, lo que sucederá este mismo verano, esta será la zona de estancia, con mesa y sillas, en la que me podré dedicar al reposo, la contemplación o el deleite de comerme los productos cosechados.


El próximo año, igual le instalo encimera y lavadero, para poder cocinar directamente sin tener que bajar a la cocina, pues no deja de ser arriesgado andar subiendo y bajando escaleras, que son muy traicioneras y han provocado, a causa de las dichosas chancas, que me precipite por ellas en un par de ocasiones. Además, con las estupendas vistas de las que disfruto, será un lujo hacer vida allí. 
¡Ummmm!, creo que hasta voy a instalarle una hamaca.

Desgraciadamente no todo es tan bucólico, ya que el ruido de los vehículos con motor de explosión me va a acompañar hasta que se acabe el petróleo, pues vivo junto a una arteria principal del tráfico de mi pueblo (Tomares).


En total, desde septiembre de 2011, he instalado 59 macetas, principalmente de plástico, pues la terracota es bastante pesada y no me fío de no sobrecargar la azotea. Además, el plástico, aunque sintético, me ayuda a reducir el consumo de agua. En total cuento con:

  • 22 macetas de terracota de 7 l, que alberga mi colección de fresas y fresones.
  • 23 macetas de plástico de 20 l, para cultivos de poco desarrollo (lechugas, escarolas, rabanitos, espinacas, nabos, etc.).
  • 11macetas de plástico de 30 l, para cultivos de desarrollo medio (zanahorias, cebollas, puerros, habas, etc.).
  • 11 macetas de plástico de 40 l, para cultivos de gran desarrollo (tomates, calabacines, coles, acelgas, etc.).
  • 2 jardineras de plástico de 100 l, dedicada a cultivos en espaldera (pepinos, guisantes y judías).
 

He buscado tamaños estandarizados de macetas con volúmenes concretos (múltiplos de 10, menos las pequeñas de terracota, que ya las tenía), que me permitirán hacer estudios comparativos, al objeto de definir cuales son más adecuadas para cada especie que cultive. Por otro lado, las macetas tienen forma casi cilíndrica (igual diámetro superior e inferior), que considero más adecuadas que las troncocónicas (diámetro superior mayor que el diámetro inferior), pues las raíces de muchas plantas tienen tendencia a desarrollarse mayormente en la parte inferior de estas.

Cada maceta cuenta con un plato inferior donde se recoge el líquido de drenaje resultante tras el riego, de forma que se evita la perdida de agua y nutrientes, siendo este reutilizado.


Como sustrato, estoy utilizando distintas mezclas, entre cuyos ingredientes utilizo: turba, fibra de coco, perlita, tierra franca que busco en los alrededores y sustratos maduros de cultivos anteriores, los cuales utilizo para inocular vida en las nuevas preparaciones. La turba la estoy eliminando, por ser un recurso fósil y no renovable, ya que he encontrado un suministro estable y económico de fibra de coco, cuyo uso no deja de tener su polémica, al venir de muy lejos.

En lo referente a la fertilización, utilizo dos estrategias. Por un lado, y como base, compro humus de lombriz y estiércol de oveja, los cuales utilizo en función del requerimiento de las distintas plantas. Normalmente, tras la retirada de un cultivo, corto el riego y espero durante 10 o 15 días a que las raíces inicien la descomposición. Luego desmantelo el cepellón y lo ligo, raíces incluidas, con la cantidad de abono que haya decidido utilizar (10-15% en el caso del estiércol de oveja y 20-50% en el caso del humus de lombriz). 
 

Por otro lado, los residuos de mis cultivos, los de la cocina, así como los de las plantas ornamentales del patio inferior de la casa, los precomposto a baja temperatura en un compostero comercial fabricado en plástico reciclado. El material semidescompuesto que obtengo, lo utilizo para alimentar las lombrices que tengo alojadas en un vermicompostero, también comercial, del que obtengo el “humus” correspondiente. Finalmente, este lo utilizo para la elaboración de té de vermicompost, a partir de una solución de agua con vinaza de remolacha y extracto de algas marinas, todo oxigenado con una bomba de pecera durante 24 horas. El té resultante, previamente filtrado, lo inyecto en el riego, al objeto de activar la vida microbiana del sustrato. De esta forma, se facilita la descomposición de los fertilizantes orgánicos comerciales anteriormente mencionados (humus de lombriz y estiércol de oveja), lo que implica un mejor desarrollo de los cultivos, al tiempo que reduzco los riesgo de ataque de enfermedades radiculares por la competencia con los microoganismos aportados. Con esta estrategia, aprovecho mucho mejor mi limitada autoproducción de fertilizantes orgánicos.
  



Sobre los cultivos existentes en el momento de escribir este artículo, cuento con una amplia diversidad, que alcanza las 57 especies, entre hortalizas, ornamentales comestibles, frutales enanos, trepadoras y hierbas silvestres en domesticación, y cuya relación puedes encontrar en la siguiente tabla. Aunque en un principio, y al objeto de no ralentizar la puesta en marcha, utilicé bastantes semillas de variedades comerciales, actualmente ya trabajo, en la mayor parte de los casos, con variedades locales o tradicionales, que intercambio a través de la Red de Resiembra e Intercambio de la Red Andaluza de Semillas, de la cual soy miembro. En algunas especies, para las que no he encontrado este tipo de variedades, si que utilizo variedades comerciales o compro plantas en vivero, como en el caso de algunos frutales y trepadoras.




En lo referente al acolchado, estoy haciendo pruebas con hojas de árboles que recojo por los alrededores (olmos en invierno y brachichiton en verano), pero el viento, que arrecia por las tardes, se las está llevando. De hecho, vivo en un paraje denominado “la era” que, utilizado antaño para aventar la cosecha de cereales del lugar, se ha convertido ahora en un amasijo de casas adosadas, o acosadas, como algunos las llaman. Estoy probando a fijarlo con un poco jabón potásico diluido, en el que empapo previamente el material de acolchado. Me queda un sabor agridulce con el resultado, pues si bien se fija, los mirlos lo sacan fuera de las macetas al buscar lombrices. Habrá que acompañarlo con covertura vegetal o malla antipajaros, como hago con las fresas y, así, coevolucionar con estos truanes.


Además de la posibilidad de regar a manguera o con regadera, he instalado un sistema de riego por goteo, que cuenta con un cabezal de 4 electroválvulas unidas a un controlador, previas a las cuales hay un filtro de maya para retener impurezas.

Tanto a la toma de la manguera como a la del sistema de riego por goteo les he colocado entradas para la inyección de té de compost, con el que estoy realizando, con cierto éxito, las primeras pruebas de aplicación. La inyección se realiza con un barril tipo Cornelius (de los que se utilizan par dispensar refrescos de cola, naranja y similares), propulsándose el té con una vieja botella de CO2 que conservo de otros tiempos, en los que fabricaba cerveza.



En función del tamaño de las macetas les he colocado un determinado número de goteros de un caudal de 4 l/h. He aplicado la relación de un gotero por cada 10 l de capacidad de maceta, salvo para las pequeñas de 7 l que cuentan con un gotero cada una. A las que producen mucho drenate, se les ha instalado una pequeña válvula en el microtubo de alimentación, que permite reducir la cantidad de agua a aplicar.


Una última curiosidad es que, maquinando, maquinando, me ha dado por crear varios nichos para aumentar la biodiversidad, como un plato con agua para que los pájaros beban y se bañen, o un acumulo de piedras para que lagartijas y salamanquesas, entre otras, se refugien. Creo que también instalaré nidos para avispas alfareras, que son unos buenos insectos auxiliares.


Como colofón a esta presentación, aquí os dejo un video que grabé el amanecer del primer domingo de julio. Pensé en ponerle sonido grabado de naturaleza tropical, con canto de tucanes y monos ahuyadores pero, al final y para no desvirtuar, he optado por dejar el original sonido de los gorriones y los madrugadores automóviles de mi barrio que, al fin y al cabo, son los que me están acompañando.


Aun me queda por montar la otra mitad de la azotea, aunque de momento vamos a ver como marcha esta y cuando haya evaluado los pros y contras, tomare nuevas decisiones de diseño. Quizás el año que viene. Ahora toca disfrutar e investigar con este pequeño-gran laboratorio de andar por casa que me he montado.

Algo que aún no he abordado, aunque tengo muy presente, es el sistema de reciclado de las aguas grises de la casa (ducha, lavabos, fregadero y lavadora) para el riego de las macetas. Quizás a la vuelta del verano me invente un prototipo que me ayude a tomar decisiones para el diseño definitivo. Y, por que no, igual hago algunas pruebas de fertilización con aguas amarillas (pipi). Las agua negras (popo) seguirán saliendo por el inhodoro del baño.

Por otro lado, mi ímpetu por montar rápidamente el macetohuerto me ha llevado a utilizar demasiados materiales plásticos nuevos. En el futuro habrá que trabajar en la búsqueda, en alguna medida, de alternativas a este. En este sentido ya he desmontado unos cuantos palets, a los cuales les he dado una mano de aceite de linaza para mejorar su conservación.

Bueno, aquí lo dejo de momento. Continuará...

Pablo José González Provost
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